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Colombia y colombianos en el exterior

Las enfermedades y las deudas, retratos de dos amigos íntimos

Humanidad, nuestro mayor regalo pero también nuestra mayor debilidad, esa que nos hace vulnerables ante los imprevistos de la vida diaria, ante los accidentes y las enfermedades nuestras o de un ser querido, esa que permite que de un día para otro la vida de una familia se vea transformada en todos sus ámbitos, desde el emocional hasta el económico, robándose la salud, la tranquilidad y hasta los ahorros y es en este último punto en el que nos queremos centrar el día de hoy, en la macabra amistad que se teje entre las enfermedades crónicas o accidentes graves y la quiebra.

Imagina por un segundo que tienes un trabajo estable y que tu pareja también, que dicho trabajo les permitió adquirir obligaciones económicas como el colegio y la universidad que sus hijos querían y no los que les tocaban, el carro espacioso y moderno y por supuesto, el crédito para la casa que siempre soñaron, porque después de todo, tienen una entrada fija de dinero y se lo pueden permitir. Ahora, imagina que de un día para otro una de las partes de la pareja sufre un accidente que le impide trabajar y el dinero se reduce a la mitad, imagina también otro escenario donde no es un accidente sino una enfermedad crónica o terminal que afecta a uno de los miembros de la pareja y obliga al otro a renunciar a su trabajo o a tomar horas extra para dedicarse a su cuidado, ¿qué pasa entonces con todas las obligaciones que se adquirieron antes de conocer dicho destino? ¿Se puede hacer una llamada amigable a los acreedores pidiendo más tiempo y menos intereses y esperar una respuesta positiva? No, comienza un círculo vicioso donde la enfermedad lleva a las deudas y a su vez las deudas generan estrés y empeora la enfermedad.

Cuando pensamos en personas en quiebra, desde nuestra ignorancia solemos pensar que son derrochadoras, que seguramente se dedicaron a una vida de excesos con dinero que no tenían y que por irresponsabilidad llegaron a la situación de quiebra, algunos más considerados, pensamos tal vez que se debió a la pérdida del empleo o a una mala inversión (de las cuales tampoco estamos exentos), sin embargo, ¿cuántos de nosotros nos detenemos a pensar en las decenas de razones que pudieron causar la situación de quiebra y pensamos en los deudores? Seguramente pocos, de lo contrario, ser un deudor moroso no cargaría el estigma que carga, puesto que al conocer las razones detrás de ello, seríamos más considerados al entender que a nosotros también nos hubiera podido pasar.

Como lo hemos dicho antes, la quiebra es dura, es agresiva, se roba la tranquilidad, aleja a los amigos y te obliga a cambiar de casa, colegio, universidad, supermercado, tiendas de ropa y hasta de vida, ahora imagina que además de estar en quiebra atravesaras por una crisis familiar a causa de una enfermedad que llegó sin ser invitada, tendrías que sumar ambos dolores y terminar con un resultado poco favorecedor.

La vida está llena de imprevistos y es por esto que el artículo de hoy tiene dos propósitos, por una lado, abrir los ojos a aquellos afortunados que nunca se habían imaginado siquiera una situación así y por otro, dar un mensaje de apoyo hacia aquellos que hoy atraviesan una situación similar, para recordarles que una mala racha no es el final, que si bien creer que con una simple llamada amigable conseguiremos el entendimiento de nuestros acreedores es una fantasía, si existen métodos a través de la Ley de Insolvencia de Persona Natural no Comerciante que te permiten lograr ese anhelado acuerdo con tus acreedores.

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